Un duelo a medias: la liminalidad atrofiada y la ansiedad de vivir sin terminar nada
La ansiedad que atribuimos a la sobrecarga no es exceso de estímulos, sino un cúmulo de tránsitos sin cerrar. Un recorrido por la liminalidad atrofiada y el duelo que la tecnología mantiene a medias.
Ya no se cruza el umbral: se habita indefinidamente. Cuando la inmediatez digital aplana los ritos de paso, lo que queda es una vida llena de puertas entornadas y el malestar de vivir sin terminar nada.
Un umbral que no se cruza
Han pasado ocho meses desde que rompieron. Ella dice que ya está bien, que ha pasado página, que la vida sigue. Y sin embargo cada tres o cuatro días entra en el perfil de él. No para escribirle. Solo para mirar. Para ver qué ropa lleva en la última foto, quién le comenta, si sale con alguien. Sabe que no debería. Se lo ha dicho muchas veces. Pero ahí está el perfil, a un clic de distancia, y algo dentro de ella se resiste a bloquearlo. Piensa: "si lo bloqueo es como si se muriera del todo".
Puede que te resulte familiar. Puede que no sea una relación, sino un proyecto que dejaste hace meses y cuya pestaña sigue abierta en el navegador. O el grupo de WhatsApp de aquel trabajo del que te fuiste hace dos años y del que nunca terminas de salir. O la carpeta de fotos del abuelo, o el número del amigo con el que ya no hablas pero que no te decides a borrar.
Nada de esto es exactamente estar mal. Es otra cosa. Es estar a medias.
Cuando alguien viene a consulta con lo que llama "ansiedad por el móvil" o "saturación", muchas veces lo que aparece no es una persona sobrepasada por la cantidad de estímulos. Es una persona que no ha podido terminar de cerrar nada en mucho tiempo. Y esa acumulación de puertas entornadas pesa más que cualquier notificación.
Lo que hacían los umbrales
Hubo un tiempo, y en muchos lugares lo sigue habiendo, en que las transiciones vitales tenían una forma. Un antropólogo llamado Victor Turner dedicó buena parte de su obra a describir esas formas: los ritos de paso, los momentos en que una persona deja de ser una cosa y se convierte en otra. Un niño en adolescente, una soltera en casada, una viva en muerta para el grupo. En el medio, siempre, había un umbral (Turner, 2022).
El umbral era ese espacio intermedio donde ya no eres lo que eras pero todavía no eres lo que serás. Un lugar incómodo, sí, pero acotado. Tenía inicio, tenía duración, tenía final. La comunidad lo marcaba. Había gestos, palabras, silencios. Y después, un día concreto, se acababa: ahora eres otra cosa.
Ese estado intermedio se llama liminalidad, y no es una palabra que necesites recordar, pero sí una idea que vale la pena tener a mano. Porque la liminalidad no es una anomalía de la vida: es su tejido. Vivimos pasando de un lado a otro constantemente. Lo que ocurre es que hoy, cuando entramos en un umbral, ya casi nadie nos dice cuándo termina (De Luca Picione, 2026).
Un duelo antes tenía tiempos. Un luto tenía color y duración. Un divorcio tenía papeles y una casa que se vaciaba. Ahora un duelo puede tener el perfil del muerto en Facebook, actualizándose con recuerdos automáticos cada 12 de marzo. Ahora un divorcio puede tener a los dos siguiendo a los mismos amigos en Instagram durante los siguientes diez años.
El umbral no se cruza. Se habita indefinidamente.
El difunto que sigue publicando
Uno de los espacios donde esto se ve con más claridad es el duelo. Cuando alguien muere, su vida digital no muere con él. Su perfil sigue ahí, sus fotos, sus mensajes de voz guardados, los "me gusta" que dio a publicaciones que hoy siguen circulando. Los amigos escriben en su muro. Los cumpleaños se recuerdan. Los algoritmos lo sugieren para etiquetar en fotos nuevas.
Hay investigación seria sobre esto. Se ha visto cómo Facebook, en particular, se convierte en un espacio donde los vínculos con el difunto se sostienen de una manera que antes no era posible (Akinyemi, 2023; Brubaker, 2013). La gente escribe al muerto. Le cuenta cosas. Le felicita el cumpleaños. Se ha llamado a esto "vínculos continuos" y no es, en sí mismo, ni bueno ni malo. Puede ser una forma de elaborar. Puede ser también una forma de no elaborar (She, 2021; Moore, 2019).
Los funerales híbridos, retransmitidos por videollamada, han hecho posible que gente que no podía viajar acompañe el ritual. Pero también han abierto una zona rara: participas y no participas, estás y no estás, el rito ocurre y a la vez ocurre en tu salón mientras hierve el agua para el café (Riley, 2024).
Piensa por un momento en algo muy concreto. Cuando alguien moría hace cincuenta años, había un momento en que se recogían sus cosas. Alguien decidía qué se guardaba, qué se regalaba, qué se tiraba. Era doloroso. Pero era un acto. Se hacía en un día, o en varios días, y después ya estaba hecho. Los objetos del muerto pasaban a otro sitio.
Hoy los objetos digitales del muerto no pasan a ningún sitio. Se quedan donde estaban. Nadie los recoge porque no ocupan espacio físico. El teléfono del difunto puede seguir en el bolso durante meses. Los mensajes suyos siguen en el hilo de WhatsApp, y basta con desplazarse hacia arriba para volver a leerlos. El álbum compartido de las vacaciones sigue abierto. Ninguna mano tiene que decidir qué se hace con eso (Harju, 2021; Gulotta, 2016).
El problema no es la presencia del recuerdo. El problema es que ya no hay un gesto que marque el final.
El duelo público y el duelo prestado
Hay otra dimensión que se ha estudiado en los últimos años: el duelo que se hace en público, con hashtag. La gente cuenta su pérdida en TikTok, dibuja mapas del proceso, documenta el aniversario. Esto tiene aspectos valiosos, no seré yo quien lo niegue. Compartir la pérdida rompe el aislamiento. Convierte lo privado en un tejido colectivo. Permite que otros que están pasando por lo mismo se reconozcan (Proust, 2024; Davoudi, 2025; Usher, 2023).
Pero también ocurre algo más difícil de nombrar. Cuando el duelo se expone, tiene que sostenerse. Tiene que producir contenido. Tiene que responder a comentarios. Y a veces, sin que la persona lo elija del todo, el duelo se vuelve una identidad y esa identidad necesita durar, porque si termina, se acaba también la comunidad que se ha creado alrededor de ella (Spiti, 2022).
No estoy diciendo que la gente finja. Estoy diciendo algo distinto: que el propio formato empuja hacia la permanencia. Que salir del duelo, en un ecosistema que premia lo continuo, es más costoso que quedarse en él.
Y aquí es donde el hilo empieza a apretarse.
El "todavía no" como forma de vida
No se trata solo del duelo. Se trata de casi todo.
Hay una idea antigua en psicología, la moratoria psicosocial, que Erikson pensó para adolescentes: ese momento en el que uno explora antes de comprometerse con una identidad. Antes duraba unos años. Ahora hay estudios que sugieren que se extiende mucho más allá de la adolescencia, hasta bien entrada la adultez emergente, y en algunos casos parece no terminar nunca (Verschueren, 2017).
La exploración es sana. Explorar quién eres, qué quieres, con quién quieres estar, no es un problema. El problema aparece cuando la exploración se vuelve rumiativa: cuando uno da vueltas sobre las mismas opciones sin que ninguna se cierre, sin que ninguna se descarte del todo, sin que ninguna se elija de verdad. Esa exploración rumiativa está asociada con más malestar, no con más claridad (Luyckx, 2008; Marin, 2019).
Piensa en la persona del principio, la que no bloquea el perfil de su ex. Lo que ocurre ahí no es una exploración. Es una espera sin objeto. Un mirar por si acaso. Un dejar la puerta entornada en un espacio de la vida donde ya se sabe que no va a pasar nadie más. Y sin embargo la puerta sigue ahí, entornada, ocupando atención, ocupando cabeza, robando presencia a todo lo demás.
Lo que la plataforma te ofrece, y esto es importante, no es información. Es la posibilidad permanente de no cerrar. Es como un pasillo con veinte puertas entornadas donde antes había tres puertas, o cerradas, o abiertas.
La impaciencia de fondo
Alguien podría objetar: "pero si el problema fuera la falta de cierre, la gente cerraría. Basta con bloquear, borrar, desinstalar". Y es una objeción razonable. La respuesta, creo, tiene que ver con otra cosa que se ha estudiado bastante: cómo la exposición sostenida a la inmediatez erosiona nuestra capacidad de tolerar la espera.
En economía del comportamiento hay un concepto que se llama descuento de la recompensa demorada. Explica algo simple: cuánto valor pierde para ti una recompensa por el hecho de estar lejos en el tiempo. Alguien con un descuento fuerte prefiere claramente lo pequeño ahora a lo grande dentro de un mes. Alguien con un descuento suave puede esperar.
Se ha visto que patrones intensos de uso del smartphone se asocian con un descuento más pronunciado. Es decir, con menos tolerancia a la demora (Pancani, 2023; Weinsztok, 2021). No es que el móvil te vuelva impaciente por arte de magia. Es que un dispositivo diseñado para responder en milisegundos entrena a tu sistema, muchas horas al día, a esperar respuestas en milisegundos.
Y ahora suma las dos cosas. Por un lado, tu vida está llena de tránsitos que no se resuelven, de puertas entornadas que la tecnología mantiene abiertas por ti. Por otro, tu tolerancia al malestar de la espera está más fina cada mes que pasa. Se junta lo peor de dos mundos: más umbrales sin cerrar, menos capacidad para habitarlos.
Es como estar sentado en una sala de espera donde no se llama a nadie y donde la silla, además, cada día es más incómoda. Añade a eso otro hallazgo consistente: quienes toleran peor la incertidumbre tienden a un uso más problemático de las redes, no menos (Sun, 2022). Es decir: cuanto peor llevas no saber, más te asomas al teléfono a ver si hoy sí sabes algo. Y no sabes. Y vuelves a asomarte.
La liminalidad atrofiada
Con todo esto en la cabeza, quiero proponer un nombre. Un nombre para algo que creo que ya está ocurriendo y que muchas veces no sabemos cómo llamar cuando llega a consulta.
Lo que propongo llamar liminalidad atrofiada es esto: la imposibilidad estructural de completar los tránsitos vitales en un ecosistema que premia la permanencia del "todavía no". Un estado en el que los umbrales, que antes eran pasajes con inicio y final, se han convertido en habitaciones sin salida. Un modo de vivir en el que nada termina de morir, y por tanto tampoco nada termina de nacer.
La palabra "atrofia" es importante. No estoy diciendo que la liminalidad haya desaparecido. Al contrario: hay más liminalidad que nunca. Estamos rodeados de tránsitos. Lo que está atrofiado es la capacidad de completarlos. Como un músculo que sigue ahí pero que no ejerce su función. La transición existe, pero ya no transita.
Fíjate en la diferencia. No se trata de que la tecnología nos haya arrancado los ritos de paso. Se trata de que los ha vuelto opcionales, difusos, prorrogables. Ya no hay un momento en que se decida que esto se ha acabado. Todo puede recuperarse. Todo puede reactivarse. Todo puede volver a empezar. Y eso, que suena a libertad, funciona muchas veces como una condena leve pero constante.
Piénsalo así: si nunca se cierra la puerta, nunca se abre la siguiente.
Esta es, creo, una parte importante de la ansiedad difusa que la gente describe hoy. No la única, no la más grave, pero una parte que rara vez se nombra. La sensación de vivir sin terminar nada. De tener quince pestañas abiertas en la vida y no poder cerrar ninguna. De cargar con duelos a medias, relaciones a medias, versiones antiguas de uno mismo a medias, trabajos abandonados a medias.
Cuando alguien te dice que se siente "saturado" y tú miras y no ves una sobrecarga de tareas nuevas, mira si no lo que tiene es una acumulación de cosas viejas sin terminar. Muchas veces es eso.
Elaborar cuesta, pero es lo que hay
Hay algo que se sabe desde hace bastante en investigación sobre duelo y crecimiento postraumático: la rumiación no siempre es mala. Existe una rumiación intrusiva, que da vueltas sin salida, y existe otra rumiación más deliberada, más reflexiva, en la que uno vuelve sobre lo ocurrido para elaborarlo. Esta segunda se asocia con formas de crecimiento tras la pérdida (Allen, 2022).
La diferencia entre las dos no es el contenido. Es la posibilidad de que la reflexión llegue a alguna parte. Que tenga suelo debajo. Que haya un momento donde uno pueda decir "hasta aquí" y pasar a otra cosa.
Los umbrales antiguos hacían justamente eso. Ponían un suelo debajo del pensamiento. Marcaban un después. Y eso es lo que hoy tenemos que construir a mano, sin ayuda, casi siempre en soledad, porque el entorno no lo va a hacer por nosotros. Al contrario: el entorno está diseñado para que no lo hagamos.
No creo que la solución sea grandilocuente. No creo tampoco que sea individual del todo, y no me gustaría dejarte con la impresión de que basta con "gestionarlo mejor". No basta. Hay algo estructural en cómo están hechos los ecosistemas donde vivimos, y eso no lo cambia una persona sola.
Pero sí hay algo que se puede empezar a mirar. Y es tuyo.
Una pregunta que dejar abierta
Si tuviera que dejarte con algo, no sería una lista de consejos. Sería una pregunta, para que la lleves donde quieras.
¿Qué cosas llevas contigo, ahora mismo, que hace tiempo que deberían haber terminado y siguen sin terminar? No pienso en las grandes. Pienso en las pequeñas también. Ese hilo de mensajes con alguien con quien ya no hablas. Esa aplicación que abres por costumbre buscando algo que ya no está. Ese proyecto que ni sigues ni sueltas. Ese perfil que revisas sin motivo. Esa versión de ti mismo, de hace cinco años, que sigue apareciendo cuando abres una cuenta antigua.
No te estoy pidiendo que cierres nada. No es tan simple, y además no siempre es lo que toca. Hay cosas que necesitan seguir un tiempo así, y no pasa nada.
Pero quizá vale la pena mirarlas de frente y preguntarse, con calma: ¿esto sigue abierto porque me sirve, o sigue abierto porque el sistema hace que sea más fácil dejarlo abierto que cerrarlo?
Y si es lo segundo, quizá haya ahí una conversación pendiente contigo. No con el teléfono. Contigo.
Referencias
Akinyemi, A. (2023). He's still there: How Facebook facilitates continuing bonds with the deceased. OMEGA - Journal of Death and Dying.
Allen, D. (2022). A meta-analysis of the association between event-related rumination and posttraumatic growth. Journal of Traumatic Stress.
Brubaker, J. R. (2013). Beyond the grave: Facebook as a site for the expansion of death and mourning. The Information Society, 29(3), 152–163.
Davoudi, S. (2025). Come with me on my #griefjourney: First-person narratives of grief on TikTok. Illness, Crisis & Loss.
De Luca Picione, R. (2026). Trajectories of the notion of liminality: Identity, border, threshold, affectivity and spatio-temporality. Culture & Psychology.
Gulotta, R. (2016). Engaging with death online. En Proceedings of the 2016 ACM Conference on Designing Interactive Systems (DIS '16).
Harju, A. (2021). #hellobrother needs to trend: Methodological reflections on the digital and emotional afterlife. International Review of Sociology.
Luyckx, K. (2008). Capturing ruminative exploration: Extending the four-dimensional model of identity formation. Journal of Research in Personality, 42(1), 58–82.
Marin, K. (2019). An examination of trauma narratives: Narrative rumination, self-reflection, and identity. Journal of Adolescence.
Moore, J. (2019). Social media mourning. OMEGA - Journal of Death and Dying.
Pancani, L. (2023). I can't live without you: Delay discounting in smartphone usage. Journal of Cognitive Psychology.
Proust, A. (2024). By sharing our loss, we fight: Collective expressions of grief in the digital age. Media, Culture & Society.
Riley, K. (2024). Hybrid funerals: How online attendance facilitates and impedes participation. Mortality.
She, Y. (2021). Living memory home: Understanding continuing bond in the digital age through backstage grieving. En Proceedings of the 2021 CHI Conference on Human Factors in Computing Systems.
Spiti, S. (2022). How social media data are being used to research the experience of mourning: A scoping review. PLOS ONE.
Sun, R. (2022). The relationship between intolerance of uncertainty and problematic social media use during COVID-19. International Journal of Environmental Research and Public Health.
Sobre la obra de Turner: Victor Turner and contemporary cultural performance (obra crítica).
Usher, K. (2023). Public expressions of grief and the role of social media in grieving and effecting change. International Journal of Mental Health Nursing.
Verschueren, M. (2017). Identity statuses throughout adolescence and emerging adulthood. Psychologica Belgica.
Weinsztok, S. (2021). Delay discounting in established and proposed behavioral addictions. Frontiers in Behavioral Neuroscience.
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